El domingo por la tarde, en medio del regreso habitual hacia Asunción, algo diferente ocurrió en el peaje de la Ecovía. A la altura del tramo Luque–San Bernardino, un grupo de vecinos decidió salir a la calle. No había gritos ni caos, pero sí carteles, caminatas lentas y una idea en común: algo no está bien.
Gente de Luque y otras localidades cercanas se reunió para expresar su rechazo a un cobro que sienten injusto y a un proyecto que les genera más preguntas que certezas. La manifestación fue tranquila, pero clara. Mientras los autos hacían fila para cruzar, quienes estaban allí contaban sus motivos: trabajadores que deben pasar todos los días por ese punto, estudiantes que se trasladan para estudiar, comerciantes que ven su rutina alterada.
La principal queja gira en torno a la falta de claridad. Aseguran haber pedido información al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, pero siguen sin saber con certeza cuánto se recauda, para qué se usa ese dinero o por qué el precio del peaje subió. Nadie les explicó nada, y eso es lo que más incomoda.
Además del cobro, el malestar se extiende a un proyecto mayor: la construcción de una autopista elevada que atravesaría parte de Luque. Muchos se enteraron por terceros.
No hubo reuniones, ni planos públicos, ni espacios para opinar. Y eso genera preocupación: algunos temen que la obra pase por encima de casas, que cambie el paisaje de su barrio o que afecte comercios locales. También hay dudas sobre el impacto ambiental, otro tema del que no se habla mucho.
Este proyecto forma parte de un plan más grande, con una inversión estimada de 175 millones de dólares. La empresa Rutas del Este está a cargo, bajo un modelo de Alianza Público-Privada. Desde el Gobierno aseguran que todo esto ahorrará tiempo de viaje entre Asunción y San Bernardino. Pero para quienes viven en el trayecto, el problema no es llegar más rápido, sino entender qué está pasando.
Fuente: ÚH
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