La despedida de Quemil Yambay: un adiós a puertas abiertas y con música

La despedida de Quemil Yambay no fue como las que suelen verse. Nada de un ambiente frío o demasiado formal. Desde temprano, su casa empezó a llenarse de gente: vecinos, músicos y personas que lo siguieron toda la vida. No era solo para “dar el pésame”, era más bien un encuentro para recordarlo con cariño, con música y con anécdotas.

Él mismo lo había dejado claro a su familia: quería un homenaje abierto, con cercanía, sin tanta rigidez. Por eso, su residencia en Fernando de la Mora, conocida como el Rincón de la Música, abrió sus puertas desde las 08:30. Y ahí fue llegando la gente: algunos se animaron a cantar, otros prefirieron quedarse en silencio, pero todos iban por lo mismo: despedirse de alguien que sentían propio.

Su hija, Hilda Yambay, lo dijo de una forma muy directa en una entrevista: “Él era de todos”. Y esa frase se notaba en el ambiente. No era un artista “lejano”, de los que se ven solo en escenarios. Era una figura cercana, de esas que la gente ubica como parte de su historia.

En el lugar prepararon un escenario sencillo y también pusieron una pantalla con su imagen. Estuvieron presentes su guitarra y la casaca tradicional de Guaraní, como símbolos de lo que representaba. Y, como no podía ser de otra manera, hubo música en vivo durante el homenaje.

La familia se aseguró de cumplir cada detalle que él había pedido, incluso algo poco común: la presencia de una banda militar. El teniente coronel Robert Giménez lo reconoció como una figura enorme para el país y lo describió como “una leyenda del Paraguay”, destacando el valor cultural que dejó.

Imitador de sonidos de más de cien animales

Quemil Yambay fue mucho más que un músico. Era un contador de historias, alguien que tenía un sello muy suyo: se decía que podía imitar sonidos de más de cien animales, algo que lo hacía único y que mostraba su creatividad. Incluso comentan que él mismo organizó cómo quería que fuera su despedida con anticipación.

También fue una vida marcada por momentos difíciles. Pasó por problemas de salud fuertes, incluido su quinto ACV. Estuvo más de tres años en cama, pero su familia cuenta que se mantuvo lúcido hasta pocos días antes de morir.

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Su última internación fue el 30 de diciembre, en Asunción. Una infección se complicó y derivó en septicemia. La familia explicó que se hizo todo lo posible y que él se fue en paz.

Quienes lo conocieron y quienes valoran la cultura popular coinciden en que se siente su ausencia. Luis Vera, militar retirado, lo expresó con una idea muy clara: para mucha gente, Quemil era alegría, identidad y pueblo. Y por eso su partida pesa.

Fuente: ÚH

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