La historia de “Pedro Canoero” suma un nuevo capítulo a orillas del Lago Ypacaraí. La canción, nacida décadas atrás de una experiencia vivida por Teresa Parodi en San Bernardino, vuelve ahora transformada en escultura instalada en el espacio público de la ciudad. La obra fue impulsada por la Gobernación de Cordillera y realizada por los artistas paraguayos José Quevedo Allende y Hugo Escobar. De esta manera, se refuerza una apuesta por el arte, la memoria y la identidad como herramientas para revalorizar el paisaje y el vínculo cultural con el lago.
El nacimiento de un clásico
El origen de la canción se conecta directamente con la biografía musical de Parodi. Desde la infancia, la artista se formó en un hogar donde escuchar discos era un hábito cotidiano. Allí nació su convicción de que la música sería su lenguaje principal. Antes de pensar en cantar, proyectó tocar instrumentos como el piano o el chelo. Sin embargo, una guitarra obsequiada por su abuela Emilia marcó su camino definitivo. Afinada de oído, esa guitarra se convirtió en compañía permanente y en el instrumento con el que comenzó a expresarse como creadora.
A lo largo de su trayectoria, Parodi identifica como uno de sus mayores desafíos el reconocimiento como autora y compositora en un ámbito folclórico dominado por varones. Mientras figuras como Mercedes Sosa, Ramona Galarza o Susana Rinaldi alcanzaban amplia visibilidad como intérpretes, abrirse paso en la escritura de canciones implicó un esfuerzo adicional. La consagración nacional llegaría en 1984, tras su reconocimiento en el Festival de Cosquín. No obstante, antes de esa etapa ya recorría escenarios del litoral argentino y de Paraguay, incluidos los del Festival del Lago Ypacaraí.
Fue precisamente en Ypacaraí donde se gestó “Pedro Canoero”. Después de una presentación en el festival, una recorrida por el lago la llevó a encontrarse con una fila de canoeros que aguardaban pasajeros. Uno de ellos llamó especialmente su atención por su sombrero de paja, sus modos amables y la manera de invitar a subir a la canoa. Durante el paseo, el canoero cantó chamamés y guaranias, conversó con los visitantes y reconoció el acento correntino de la artista. En la embarcación había una pava, una radio y una manta, elementos que revelaban un oficio profundamente ligado al lugar.

Esa escena, recortada sobre el paisaje del Lago Ypacaraí, sintetizó para Parodi la unión entre persona, trabajo y entorno. La canción comenzó a tomar forma en el vuelo de regreso a Argentina. Primero apareció el relato en palabras y luego la melodía. Años más tarde, la artista viviría una experiencia similar en los Esteros del Iberá, cuando otro canoero llamado Pedro le pidió que interpretara “Pedro Canoero”. Para Parodi, la vigencia del tema se explica por su raíz identitaria. Las músicas populares perduran cuando cuentan la historia de los pueblos y su forma de habitar el mundo.
Hoy, “Pedro Canoero” ya no es solo parte del cancionero regional. Es pintura, es memoria compartida y, desde ahora, también escultura en San Bernardino. La pieza, promovida por la Gobernación de Cordillera bajo la administración de Denis Lichi, convierte en figura visible a ese personaje que nació de una vivencia concreta y se transformó en símbolo cultural del Lago Ypacaraí. Parodi relató que se emocionó al ver la imagen de la obra y expresó su deseo de estar presente en la inauguración oficial prevista para marzo, si su agenda lo permite. Además, reiteró su aprecio por Paraguay, por su riqueza musical y por la labor de sus artistas, y alentó a las nuevas generaciones a crear manteniendo vivo el vínculo con las raíces guaraníes y regionales.
Fuente: Forbes Paraguay







