El Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi. Foto: ARCENIO ACUÑA
Aunque el país atraviesa un período de crecimiento económico, una proporción significativa de la población adulta continúa evaluando la posibilidad de emigrar. Entre el 16% y el 23% de las personas mayores de 18 años reconoce haber pensado seriamente en irse a vivir a otro país, un dato que va más allá de una decisión concreta y funciona como un termómetro social.
Este indicador no solo habla de migración, sino también de expectativas. Refleja cómo la población percibe sus oportunidades dentro del país, su nivel de satisfacción con la calidad de vida, las posibilidades de empleo y la estabilidad a futuro. En ese sentido, el deseo de emigrar aparece como una respuesta a la sensación de techo o de falta de proyección personal y profesional.
Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), elaborados a partir de encuestas de Latinobarómetro, muestran que esta percepción varía de manera clara según el nivel educativo.
El análisis permite identificar qué grupos sienten mayores limitaciones para desarrollarse localmente y cuáles mantienen una mirada más crítica sobre el horizonte económico y social.
A comienzos de los años 2000, la intención de emigrar era particularmente alta. En 2002, el 28% de las personas con educación secundaria y el 40% de quienes contaban con estudios superiores manifestaban haber considerado irse del país.
En el grupo con educación primaria, el porcentaje era menor, con un 17%. Esta diferencia reflejaba un escenario con pocas oportunidades para el empleo calificado y una fuerte sensación de estancamiento.
En 2004, la intención de emigrar alcanzó al 39% de quienes tenían secundaria y al 42% de los que contaban con educación superior. Un año después, el porcentaje del nivel superior bajó a 30%, pero la secundaria seguía en 35% y la primaria subía a 23%. Era una etapa de recuperación económica aún débil, con mejoras que no lograban consolidarse en el mercado laboral.
Ese año, los valores descendieron a 12% en el nivel primario, 26% en secundaria y 21% en educación superior. La tendencia continuó en los años siguientes y, hacia 2010, la intención de emigrar se redujo a cifras de un solo dígito en primaria y a niveles moderados en los demás grupos. Esto sugiere una percepción más positiva sobre las oportunidades internas durante ese período.
Sin embargo, esa mejora no se sostuvo en el tiempo. Desde 2011 se observa un nuevo aumento y, desde entonces, los porcentajes se estabilizaron en valores intermedios.
En 2024, el 16% de las personas con educación primaria, el 27% de quienes tienen secundaria y el 23% de los que cuentan con estudios superiores afirman haber pensado en emigrar.
Fuente: ABC Color
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