El peligro de las dietas rápidas para tu salud

Es muy probable que conozcas a alguien que recuperó el peso perdido tras una dieta. Muchas personas bajan varios kilos rápidamente y luego suben mucho más de lo que pesaban inicialmente. Esta situación genera mucha frustración y afecta la salud de quienes buscan resultados inmediatos. Sin embargo, las restricciones extremas suelen ser las culpables de este fenómeno tan común hoy. Limitar las calorías de forma drástica termina fomentando la subida de peso a largo plazo.

Las llamadas dietas milagro paradójicamente contribuyen a la epidemia de obesidad en la actualidad. Cuanto más restringimos nuestra alimentación diaria, más se altera el funcionamiento de nuestro metabolismo. El cuerpo sufre las prohibiciones y entra en un estado de estrés permanente. Al pasar mucha hambre, el organismo activa un mecanismo de defensa para protegerse. Por lo tanto, el exceso de peso posterior es una respuesta natural a esa privación anterior.

La reacción del organismo ante la falta de comida

Este fenómeno se conoce también como la paradoja del plato vacío. La experta Boticaria García menciona que el cuerpo limita el gasto calórico ante la escasez. Cuando ingerimos muy pocas calorías, los niveles de estrés y cortisol se disparan. Como resultado, nuestro organismo activa un modo de ahorro inmediato para sobrevivir. Este estado nos lleva a gastar mucha menos energía en las tareas diarias.

En este modo de supervivencia, el cuerpo busca alimentos con muchas grasas y azúcares. El organismo prefiere almacenar lo poco que recibe en forma de grasa corporal. Estamos programados para resistir periodos de hambruna desde nuestros antepasados más remotos. Por eso, al terminar la dieta, recuperamos los kilos con una velocidad sorprendente. Además, el cuerpo se prepara por si vuelve a faltar comida en el futuro.

El impacto del estrés y la ansiedad en la dieta

Las prohibiciones constantes dañan nuestra relación con la comida de forma severa. Estas limitaciones incrementan la ansiedad y el deseo de comer platos placenteros. Por ejemplo, es muy común sentir antojos incontrolables de dulces o panificados industriales. Por lo tanto, el esfuerzo inicial se vuelve insostenible emocionalmente para la mayoría. El cuerpo nos empuja a buscar energía concentrada para calmar ese estado de alerta.

El estrés crónico puede derivar en trastornos alimentarios mucho más graves. La rigidez de estas dietas suele incentivar atracones nocturnos o comidas a escondidas. Muchas personas caen en ciclos de excesos y restricciones que son muy peligrosos. Además, intentan compensar cualquier alimento prohibido con más privaciones innecesarias al día siguiente. Este comportamiento altera el equilibrio mental y físico de quienes buscan estar sanos.

Alteraciones metabólicas y el famoso efecto rebote

Las investigaciones confirman que perder peso muy rápido reduce la actividad metabólica. El cuerpo aprende a gastar menos calorías para proteger todas sus funciones vitales. También disminuye la producción de leptina, que es la hormona que nos hace sentir satisfechos. Como consecuencia, sentimos más hambre y nos saciamos con mucha dificultad al comer. Por lo tanto, mantener el peso perdido se vuelve una batalla casi imposible.

Estos cambios duran mucho tiempo y predisponen al cuerpo al sobrepeso crónico. Cuanto más estricta sea la dieta, mayor es el riesgo de engordar después. El organismo se vuelve más eficiente para guardar grasas como una medida de protección necesaria. Este proceso es el verdadero origen del indeseado efecto rebote en los pacientes. Por eso, las soluciones rápidas casi siempre terminan en un fracaso a largo plazo.

El camino hacia un peso saludable y duradero

Muchos planes de moda se enfocan solo en el número que marca la balanza. Esta visión centrada únicamente en el peso nos lleva por el camino equivocado. No nos enseñan a comer mejor ni a elegir alimentos que sean nutritivos. Por eso, al terminar la dieta, solemos retomar los mismos errores de siempre. El peso ideal debería ser el resultado de un cuerpo que funciona correctamente.

Lo más importante para combatir la obesidad es modificar los hábitos cotidianos. Una dieta restrictiva solo se puede sostener por pocas semanas como máximo. En cambio, la reeducación alimentaria junto a un profesional ofrece resultados reales y duraderos. El descenso de peso debe ser una consecuencia natural de un estilo de vida mejorado. De esta manera, evitamos el sufrimiento de las prohibiciones y cuidamos nuestra salud mental.

Cambiar nuestra forma de vivir protege tanto el cuerpo como la mente. Debemos centrarnos en lo emocional y no solo en lo estético. Una buena alimentación debe ser variada, placentera y posible de mantener siempre. Por lo tanto, el recurso definitivo es aprender a comer con equilibrio y sin culpas. La salud integral es mucho más importante que cualquier número en la báscula.


Referencias científicas:

  • Tomiyama AJ, et al. Low calorie dieting increases cortisol. Psychosom Med. 2010.

  • Tryon MS, et al. Excessive Sugar Consumption May Be a Difficult Habit to Break. J Clin Endocrinol Metab. 2015.

  • Fothergill E, et al. Persistent metabolic adaptation 6 years after “The Biggest Loser”. Obesity. 2016.

  • Martins C, et al. Metabolic adaptation delays time to reach weight loss goals. Obesity. 2022.

  • MacLean PS, et al. The role for adipose tissue in weight regain after weight loss. Obes Rev. 2015.

Fuente: Gabriela Gottau para Xataka

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