Ante la falta de movilidad, los mismos pacientes ayudan al médico, prestándole un burrito. Foto: Gentileza
En el corazón del Chaco paraguayo, donde el calor no da tregua y los caminos se pierden entre la arena, el médico Víctor Hugo Rolón Silva realiza su trabajo de una manera poco común, pero profundamente necesaria. Para llegar hasta sus pacientes, muchas veces debe caminar largas distancias o trasladarse a lomo de burro, la única forma posible de moverse en una región sin transporte ni infraestructura básica.
Rolón Silva está al frente de la Unidad de Salud de la Familia Meiba Angaite, en el departamento de Presidente Hayes. Junto a los licenciados en enfermería Lidia Ramírez y Genaro González, brinda atención médica a 19 comunidades indígenas, donde viven cerca de 3.500 personas que dependen casi por completo de este equipo de salud.
En una de sus visitas más recientes, el médico llegó hasta una vivienda montado en un burro que pertenece a los propios pobladores. Fue la comunidad la que le ofreció el animal para facilitar el trayecto, ya que el acceso es complejo y no existen medios de transporte. En la zona, caminar o utilizar animales es parte de la vida cotidiana y, en muchos casos, la única alternativa para desplazarse.
En una de las recorridas, el equipo tuvo que esperar a que bajara la temperatura para poder asistir a una madre, ya que la sensación térmica rondaba los 50 grados. Aun así, debieron recorrer cerca de 12 kilómetros para llegar hasta la vivienda, enfrentando el sol, la arena y el cansancio físico.
El calor extremo no es el único desafío. El terreno también implica riesgos, como la presencia de víboras y otras alimañas. A pesar de ello, Rolón Silva aseguró que hasta ahora no se registraron accidentes durante las visitas domiciliarias. Las urgencias, explicó, obligan a continuar con el trabajo, aun cuando las condiciones no son las mejores.
El médico llegó a la zona hace poco más de un mes. Es oriundo de Pedro Juan Caballero y comentó que, una vez que reciba su salario, su objetivo es comprar una motocicleta para mejorar los traslados. Mientras tanto, destaca la solidaridad de las comunidades y el vínculo que se genera con los pacientes.
Entre las historias que recuerda con emoción, mencionó el caso de una mujer embarazada que presentaba un cuadro de preeclampsia. Gracias a una derivación oportuna, pudo ser atendida en un hospital.
Tras recibir el alta, la familia regresó hasta la comunidad solo para agradecer al equipo de salud por haber llegado a tiempo. Para Rolón Silva, ese gesto resume el verdadero sentido de su trabajo.
Fuente: EXTRA
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