Foto: Referencial.
El uso excesivo de pantallas genera una profunda alarma global por sus efectos directos en el desarrollo cerebral infantil. Estudios recientes del neurocientífico australiano Mike Nagel revelan alteraciones estructurales en menores expuestos de forma intensiva a dispositivos digitales. Ante este complejo escenario, profesionales del país analizaron el impacto de esta problemática en la salud local.
La investigación de Nagel asocia esta exposición con el desarrollo anormal de la materia blanca cerebral. Esto se observa en niños que pasan entre dos y tres horas diarias frente a monitores. En el ámbito paraguayo, los médicos confirman un incremento de pacientes con baja tolerancia al aburrimiento. También detectan severas fallas de memoria en jóvenes.
El neurólogo infantil José Medina validó estos hallazgos científicos en el contexto clínico de Paraguay. Explicó que existen casos locales de adelgazamiento cortical, fragmentación de la atención y anhedonia por falta de estímulos intensos. Según el médico, la inmediatez digital reduce la paciencia cognitiva de los adolescentes. Esta pérdida provoca el abandono de la lectura comprensiva.
Por su parte, la neuropsicóloga Natalia Martínez Bruyn aclaró que en consultorio no se utiliza el diagnóstico de demencia digital. Ella destaca que el problema radica principalmente en alteraciones conductuales del desarrollo funcional por falta de experiencias sociales. A nivel físico, la oftalmóloga Verónica Contreras advirtió sobre síntomas de abstinencia similares a una adicción cuando se retiran los electrónicos.
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Contreras también señaló un incremento preocupante en los casos de miopía infantil debido al exceso de actividades de visión cercana. El cerebro en desarrollo se adapta para ver bien de cerca y elonga el ojo. Además, la luz nocturna de los teléfonos modifica el ritmo circadiano. Esto altera el sueño de los menores y les impide descansar correctamente.
Para contrarrestar estos daños, los profesionales sugieren aplicar pautas estrictas de higiene digital en los hogares. La Organización Mundial de la Salud aconseja evitar totalmente la exposición a pantallas en menores de dos años. Igualmente, la Asociación Española de Pediatría restringe el contacto hasta los seis años. En adolescentes, se debe limitar el tiempo a menos de dos horas.
Los especialistas instan a fomentar actividades al aire libre durante al menos dos o tres horas diarias. Esta práctica estimula la visión lejana y promueve la reconexión sensorial mediante deportes o el contacto con la naturaleza. Martínez Bruyn concluye que es necesario reeducar a las familias sobre el uso problemático. Así se podrá restituir un relacionamiento saludable con la tecnología.
Por Jorge Zárate para diario La Nación
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