Vista de un monitor en una Unidad de Ictus. EFE Javier Cebollada
Un parche de seda implantado en el cerebro ayudó a activar mecanismos de protección y reparación tras un ictus, según una investigación realizada en modelos animales. El avance fue presentado por un equipo de la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
El trabajo fue publicado en la revista científica Regenerative Biomaterials, de Oxford Academic. La investigación muestra que el parche libera de forma controlada una molécula clave para la regeneración de tejidos. También facilita la migración y retención de células madre hacia áreas cerebrales lesionadas.
El ictus ocurre cuando una arteria que lleva oxígeno al cerebro se bloquea. Esto puede causar daño en el tejido cerebral y dejar secuelas graves. Según el material base, entre el 30% y el 40% de los sobrevivientes sufren consecuencias que afectan su vida diaria.
El dispositivo está fabricado con fibroína de seda, una proteína natural producida por el gusano de seda. Los investigadores observaron que estas láminas pueden superar limitaciones de terapias convencionales. El objetivo es reducir el daño cerebral y favorecer la recuperación funcional después del ictus.
El director del equipo, Daniel González, sostuvo que las aplicaciones pueden ser “extraordinarias” en enfermedades de origen cerebral. Mencionó ictus, alzhéimer, párkinson y tumores cerebrales. También señaló que la tecnología podría adaptarse a otros contextos, según los principios bioactivos necesarios para cada enfermedad.
El proyecto se desarrolló dentro del consorcio MINA, Madrid Innovate Neurotech Alliance. Además, Silk Biomed, empresa derivada de la Universidad Politécnica de Madrid, ya estandarizó el proceso de fabricación del parche. Ese paso es importante para producirlo a gran escala en el futuro.
González explicó que antes de probarlo en humanos se requieren pruebas preclínicas regulatorias en animales. Estos ensayos deben realizarse bajo normas estrictas de calidad y requieren más financiación pública y privada.
La implantación actual implica un pequeño orificio en el cráneo para colocar el parche sobre la superficie cerebral. Sin embargo, los investigadores ya trabajan en estrategias para hacerlo inyectable mediante una mínima ventana quirúrgica.
Fuente: Effe
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