Internacionales

Trump sacude el comercio global con aranceles “recíprocos”

La administración Trump justifica nuevos aranceles a más de 100 países afirmando que “todo el mundo se aprovecha de nosotros”, pero los datos revelan una realidad comercial más compleja.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, muestra una hoja con algunos de los aranceles que otros países le cobran a los productos estadounidenses.

El presidente estadounidense impone gravámenes del 10% a importaciones de más de 100 países, alegando desventajas comerciales para EE.UU. El análisis de datos muestra una realidad más compleja.

La economía global enfrenta una nueva sacudida tras el anuncio del presidente Donald Trump de aplicar aranceles mínimos del 10% a todos los productos que ingresen a Estados Unidos, con tasas aún más elevadas para las principales economías mundiales. Esta medida, justificada bajo la premisa de que todo el mundo se aprovecha de nosotros, marca una ruptura significativa con el orden comercial internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial y ha generado preocupación sobre sus potenciales consecuencias globales.

La nueva política arancelaria, que afectará a más de 100 países, se fundamenta en la afirmación de que muchas naciones aplican gravámenes más altos a las importaciones estadounidenses que viceversa. Trump sostiene que la primera economía mundial ha sido tratada injustamente por sus socios comerciales, tanto amigos como enemigos. Esta narrativa ha resonado entre sus seguidores, pero ¿se sostiene ante un análisis riguroso de los datos comerciales internacionales?

Si se observan las estadísticas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), efectivamente Estados Unidos mantuvo en 2023 un arancel externo promedio del 3,3%, inferior al de muchos de sus socios comerciales. Reino Unido aplicó un 3,8%, la Unión Europea un 5%, China un 7,5%, Corea del Sur un 13,4% e India alcanzó el 17%. En términos estrictamente numéricos, existe un desequilibrio arancelario que podría considerarse desventajoso para los exportadores estadounidenses.

Sin embargo, esta perspectiva resulta parcial. Con Canadá y México, que mantienen aranceles del 3,8% y 6,8% respectivamente, Estados Unidos tiene acuerdos de libre comercio que eliminan los gravámenes para las exportaciones estadounidenses. Lo mismo ocurre con Corea del Sur. Además, los economistas señalan que los aranceles a las importaciones generalmente recaen sobre los consumidores del país que los impone, funcionando como un impuesto indirecto a sus propios ciudadanos.

Más allá de los bienes: servicios y factores estructurales

El análisis de Trump omite factores cruciales en las relaciones comerciales globales. Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, destaca para BBC Mundo que la frase ‘EE.UU. pierde en su relación comercial con el resto del mundo’ es incorrecta. El comercio se mide en bienes y en servicios, y Trump solo está hablando de lo primero. Este enfoque parcial distorsiona la realidad comercial estadounidense.

Un ejemplo clarificador: Estados Unidos mantiene un déficit comercial de aproximadamente 150.000 millones de dólares con la zona euro en bienes, pero simultáneamente disfruta de un superávit de unos 100.000 millones en servicios. Esta dimensión del intercambio comercial, donde EE.UU. muestra fortaleza, queda invisibilizada en el discurso presidencial.

El déficit comercial estadounidense responde además a factores estructurales profundos. De la Torre señala que Estados Unidos registra un déficit comercial por el sencillo hecho de que los estadounidenses ahorran un 5% de su renta, frente a ahorros muy superiores en la zona euro (15%), China o Japón. Esto se debe a diferencias demográficas, culturales y, fundamentalmente, a la ventaja que confiere a EE.UU. poseer la divisa de reserva mundial.

Esta posición privilegiada atrae capital hacia Estados Unidos, reduce sus costes de financiación e incentiva un mayor consumo e inversión, lo que naturalmente conduce a mayores importaciones. El déficit comercial, visto desde esta perspectiva, refleja parcialmente el éxito estadounidense en atraer capital global y no necesariamente una desventaja impuesta por prácticas comerciales desleales.

Impacto económico global y perspectivas

Los nuevos aranceles entrarán en vigor el 9 de abril, estableciendo un período para posibles negociaciones. Trump ha señalado que podría reducirlos si otros países se alinean con los intereses estadounidenses, mientras que la orden ejecutiva le otorga la potestad de modificar las tasas en caso de represalias, sugiriendo que algunos socios comerciales podrían enfrentar gravámenes aún mayores.

Paul Donovan, economista jefe de UBS Global Wealth Management, advierte sobre importantes efectos secundarios: ¿Subirán los precios los fabricantes estadounidenses? ¿Se dejarán llevar los minoristas por la inflación impulsada por las ganancias? Un aumento del 10% en los aranceles implica un aumento de precios al consumidor de alrededor del 4%, pero los minoristas podrían usar esta narrativa para subir aún más los precios.

Los analistas anticipan un impacto negativo tanto para la economía estadounidense como para el crecimiento mundial. Paul Diggle, economista jefe de Aberdeen, estima que cada aumento de un punto porcentual en el tipo arancelario medio ponderado de Estados Unidos se traduce en un aumento de 0,1 puntos porcentuales en el nivel de precios y reduce el PIB entre un 0,05% y un 0,1%. Bajo esta regla, los recientes aumentos arancelarios podrían añadir un 2% al nivel de precios estadounidenses y reducir su PIB entre un 1% y un 2%.

No obstante, Diggle señala un posible efecto compensatorio si los aproximadamente 0,6 billones de dólares (cerca del 2% del PIB) que podrían recaudarse financian recortes fiscales en lugar de reducir el déficit. Esta opción alinearía la política arancelaria con la agenda económica más amplia de la administración Trump, centrada en impulsar la producción nacional bajo el lema Made in America.

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La nueva política comercial estadounidense representa un cambio de paradigma en las relaciones económicas internacionales, con consecuencias potencialmente profundas para el sistema comercial global. Si bien existen desequilibrios arancelarios reales, la afirmación de que Estados Unidos pierde simplifica excesivamente una realidad económica compleja donde intervienen múltiples factores estructurales, ventajas competitivas sectoriales y decisiones macroeconómicas históricas.

El mundo observa ahora con atención cómo responderán los socios comerciales afectados, si se desencadenará una escalada de represalias arancelarias y cómo estos nuevos gravámenes afectarán a los precios, el crecimiento y las cadenas de suministro globales en un contexto económico ya de por sí volátil. La economía mundial se encuentra ante un momento decisivo que podría redefinir las reglas del juego comercial internacional para las próximas décadas.

Fuente: BBC News Mundo