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Madre denuncia que puede ir a la cárcel en causa minada de injusticia

Ana María Silva, de 56 años, es madre de tres hijos y exesposa de Maurice Christian, de 75, quien la denunció y logró que la condenen de una manera “injusta”. Fue víctima de violencia física y psicológica por parte de su expareja desde que inició su matrimonio, afirmó.

Ana María Silva Monges en plena labor con el Club de Leones. Foto: Gentileza

Ana Maria Silva Monges relató su historia de penurias a RDN. Actualmente está condenada a cuatro años de prisión por una causa que asegura, no cometió. Solicita la nulidad de su condena por prescripción.

Ana explicó que en 2007 pidió a su marido  el divorcio sin embargo se concretó dos años después, luego de varias idas y vueltas

El juzgado que aprobó la separación concluyó que durante su matrimonio con Maurice Christian, Ana fue víctima de maltratos físicos y verbales y abusos de todo tipo, razón por la cual su esposo quedó dolido y tomó represalias, según indicó.

Sostuvo que la sentencia provocó una vez más la ira de Maurice que no demoró un segundo en “poner en marcha la venganza en su contra por haberse osado a dejarlo”.

Una historia de violencia contra la mujer, tanto física como psicológica que culminó en la sentencia de Ana y actualmente está a punto de ir a la cárcel, por la influencia de políticos poderosos que ejercían cargos importantes en el Estado, quienes  ayudaron a su exmarido a lograr su objetivo.

Ana María Silva Monges. Foto: Gentileza.

El caso

En 2008, Maurice Christian denunció a Ana María por apropiación y lesión de confianza. Según el escrito de la denuncia, “su exesposa y socia comercial había aprovechado su desconocimiento del idioma y su cargo como administradora de las empresas familiares para quedarse con G. 3.200 millones”.

La abogada que llevó su caso durante el juicio, Cecilia Perez Rivas, manifestó que la intención de Maurice era ahogar económicamente a Ana y apretarla judicialmente para que terminara cediendo todos los derechos sobre las empresas que compartían y sobre todo quedarse con la Estancia Palmar Quemado qué aún pertenece a la sociedad conyugal.

Para ejecutar su venganza personal, contrató a un abogado que manejaba la estructura penal como pocos, el doctor Claudio Lovera, expresó la abogada.

Señaló que la batalla era totalmente asimétrica, ya que por un lado un hombre con recursos ilimitados y amigos influyentes que iban desde el ministro Víctor Nuñez, porque Maurice contrató a su hija Cattia Estefana Nuñez Albertini cómo su abogada, así como  el exsenador Jorge Oviedo Matto hasta los fiscales generales Ruben Candia Amarilla y Javier Díaz Verón y por el otro una pobre mujer acorralada con demandas y sin el dinero suficiente para enfrentar semejante maquinaria judicial.

La causa abierta en 2008 llegó a juicio oral en 2016.

Durante el proceso quedó evidenciado que Maurice conocía perfectamente el idioma, que manejaba las cuentas a su antojo y que maquillaba los balances para pagar menos impuestos.

También que era imposible que desconociera los movimientos de Ana ya que compartían el mismo espacio físico, pudiendo escuchar y ver todo lo que su socia hacía.

La mujer indicó que la fiscala Sonia Pereira hizo un papel lamentable, limitándose a repetir todo lo que el abogado de la querella le escribía en un papel.

“Fue el abogado de la querella el que dirigió el proceso a través de la representante del Ministerio Público” acotó la exrepresentante legal.

Pero eso no fue lo peor, en un caso donde se juzga a una persona por apropiación y lesión de confianza, el perito de la defensa no tuvo acceso a los libros contables que se usaron como prueba.

Insólito. “No era un juicio, era una venganza personal de Maurice contra al mujer que se atrevió a dejarle” afirmó Pérez.

“Maurice todo el tiempo trató de ejercer influencia para que sus hijos se pusieran contra su mamá”, sostuvo.

Maurice Christian, francés, 75 años, exesposo de Ana. Foto: Facebook.

El dato

Silva Consultora S.R.L. y Jorge Oviedo Matto

La firma Silva Consultora se creó exclusivamente para administrar los inmuebles que la pareja tenía en común. La propiedad era 50/50 y tenía a Ana como gerente.

A través de su compadre Jorge Marín cuñado de Lino Oviedo, Maurice trabó relación con el influyente senador, Jorge Oviedo Matto.

Es así que mediante su escribanía y la transferencias simuladas y prestanombres, Maurice logró “vaciar” la empresa. La operación incluyó el edificio Lion, propiedades en Itauguá y 4 mil hectáreas en el Chaco.

Ana intentó promover demandas, pero nadie quiso enfrentarse a un congresista que entonces tenía tanto peso y poder sobre la justicia.

En su declaración, Maurice indicó que vendió las propiedades de Silva “para evitar el remate” y que el dinero que obtuvo lo depositó en una cuenta personal que posee en las Bahamas. Argumentó que lo hizo “pensando en sus hijos”.

Pese a que es copropietaria de distintas empresas, señaló que la condición de masón de su esposo hizo que sus reclamos no sean atendidos en la Justicia y a la fecha, además de haber perdido valiosas propiedades, está a punto de ir a prisión en una causa plagada de irregularidades.

Influencia política en el caso

Tanto Ana como sus abogados coinciden en que hubo manipulación en el caso.

Manifestaron que en la época que Jorge Oviedo Matto estaba bien ensamblado como senador utilizó su influencia en los estrados judiciales, ya que tenía cierto contacto con el francés.

Asimismo indicaron que los ministros de la corte Bajac, entre otros, también tuvieron su cuota de responsabilidad en una condena sin argumentos, porque incluso las pruebas no eran las correctas.

Ana María espera, después de todo el periplo que debió atravesar, que la justicia actual actué de manera eficiente.

Su exrepresentante legal comentó que buscan la prescripción y  la nulidad de condena,  aseguró que la sentencia se efectuó fuera de plazo.

Lo que implica que se llevó a cabo de manera irregular, y esperan la nulidad de la condena.

Vida actual

Mientras Ana se mantiene “llena de fortalezas” espera que se resuelva su caso, la Asociación Internacional de Clubes de Leones la nombró en 2017, coordinadora de servicios para el área de Perú, Bolivia y Paraguay.

Es así que a la par que realiza labores por el bien común y ayuda a los que más necesitan, espera rodeada de expedientes, que la Corte resuelva si hace justicia.

“Una mujer que vivió más de 25 años sometida a todo tipo de abusos por parte de un hombre que desprecia a las mujeres o termina cediendo ante el poder de las influencias y el dinero y la envía presa para satisfacción personal”, menciona un texto que relata su historia.

Actualmente  Ana es representada por el abogado Rodrigo Yódice. 

Ana María Silva Monges en pleno trabajo. Foto: Gentileza.

Por: Meliza Plaz 

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