Foto: Gustavo Machado.
En la tercera semana de enero, el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) dio inicio a una nueva edición del programa Escuelas Abiertas, una propuesta pensada para que niños y adolescentes tengan un espacio donde aprender, jugar y compartir durante las vacaciones.
La iniciativa se desarrolla en alrededor de 300 escuelas públicas de casi todos los departamentos del país. La idea es clara: ofrecer contención, recreación y acompañamiento educativo, especialmente en contextos donde la violencia o el consumo de drogas representan un riesgo.
Sin embargo, a pesar de los anuncios oficiales, el programa no se amplió a más instituciones y, en algunos casos, comenzó en medio de serios problemas de infraestructura.
Uno de los ejemplos se da en la Escuela Básica N° 17 República del Perú, ubicada en el barrio Sajonia de Asunción. Allí, las actividades de Escuelas Abiertas se desarrollan mientras se realizan refacciones en los techos de los pabellones, en una institución que recibe cerca de 1.000 alumnos cada año.
La supervisora Zunilda Palacios, encargada del programa en esa escuela, explicó que 160 niños del entorno están inscriptos, aunque la asistencia diaria suele rondar los 100 estudiantes. Durante las jornadas se combinan juegos, actividades recreativas y ejercicios de lectoescritura, con el objetivo de que los chicos no pierdan el vínculo con el aprendizaje durante el receso escolar.
En cuanto a las mejoras edilicias, la institución recibió G. 240 millones del MEC, destinados principalmente a obras en el acceso principal, que se están ejecutando esta semana. Desde la comunidad educativa aseguran que los trabajos no representan un peligro para los niños ni interfieren con las actividades del programa.
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Además, se realizaron mejoras en los sanitarios del primer y segundo ciclo, una demanda que venía siendo reclamada desde hace tiempo por docentes y familias.
Una realidad mucho más preocupante se vive en la Escuela Básica N° 8175 San Francisco, en el barrio Zeballos Cué. Allí, los niños que participan de Escuelas Abiertas lo hacen en una fábrica abandonada, ya que el edificio escolar presenta riesgo de derrumbe.
Las madres de los alumnos siguen esperando una respuesta concreta del MEC y de Itaipú, instituciones que se comprometieron a intervenir. La preocupación crece porque el inicio de clases está previsto para el lunes 23 de febrero, y hasta el momento no hay soluciones visibles.
Escuelas Abiertas vuelve a cumplir un rol importante para cientos de niños durante el verano. Sin embargo, las condiciones en las que se desarrolla dejan en evidencia que el problema de la infraestructura escolar sigue siendo una deuda pendiente, incluso cuando se trata de garantizar espacios seguros para los más chicos.
Fuente: ABC Color
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