Quienes viven en Villa Virginia describen una situación que les resulta difícil de entender: están en una zona céntrica, a pocos metros de la Municipalidad de Lambaré, pero aseguran que los problemas de infraestructura y limpieza siguen igual, año tras año. No se trata de una incomodidad menor; para ellos, es una suma de riesgos que afecta la seguridad, la movilidad y hasta la convivencia del barrio.
Los vecinos hablan de pozos profundos en vías por las que circula mucha gente todos los días. Señalan especialmente la avenida Primero de Marzo y calles como Cerro Lambaré, Hermes Irrazabal y Amambay. Dicen que algunos de esos baches —que ya parecen “cráteres”— llevan tanto tiempo que la gente aprendió a manejarlos como si fueran parte del paisaje.
El problema es que esa “costumbre” no quita el peligro: conductores, motociclistas y hasta quienes van en bicicleta tienen que hacer maniobras constantes para no romper el vehículo o no caer. Y cuando hay más circulación, el riesgo crece: un volantazo, una frenada brusca o una moto esquivando a último segundo puede terminar en accidente.
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Otra queja que se repite es el paso frecuente de camiones que transportan mercaderías y combustible por calles que, según los vecinos, no están preparadas para ese peso ni para ese ritmo de tránsito.
Ellos aseguran que el resultado se ve y se siente: el asfalto se rompe más rápido y las cañerías también sufren. A eso le suman algo básico que, dicen, falta desde hace tiempo: señalización clara y controles que limiten el tránsito pesado en zonas residenciales. En pocas palabras, sienten que el barrio paga el costo de una circulación que no debería ser normal ahí.
Veredas ocupadas: caminar por la calle, como única opción
En Hermes Irrazabal y Amambay, vecinos denuncian montículos de arena y restos de obras que bloquean las veredas. Para muchas personas, eso significa algo simple y grave a la vez: si no se puede pasar por la acera, toca bajar a la calzada.
Y el panorama se complica con otro hábito que señalan con molestia: vehículos estacionados sobre la vereda frente a locales, como si el peatón fuera el último en la lista. Además, mencionan desniveles y falta de rampas, un detalle que para algunos es “molesto”, pero para otros es directamente un obstáculo imposible: personas con discapacidad, adultos mayores, familias con carritos o gente con movilidad reducida.
Malezas y falta de limpieza: el abandono también se ve
En tramos de Amambay y Humaitá, los residentes aseguran que las malezas avanzan sobre la vereda y que el pasto alto no solo tapa el camino, sino que también reduce la visibilidad. Eso, para ellos, es inseguridad: menos visión, menos espacio y más riesgo al caminar.

También cuestionan la limpieza municipal, que describen como “casi inexistente”. Y cuando el mantenimiento se vuelve esporádico, el barrio se siente descuidado, incluso estando en una zona céntrica.
Basura acumulada a metros de la Municipalidad: el reclamo más duro
El punto que más indignación genera, según cuentan, está sobre Primero de Marzo casi Cacique Lambaré. Allí ubican un vertedero irregular que estaría aproximadamente a 50 metros de la Municipalidad. Dicen que ocupa la vereda y obliga a las personas a bajarse a la calle, como si el peatón tuviera que adaptarse a la basura.

Además, critican el servicio de recolección y aseo urbano: afirman que la basura y los restos de podas quedan acumulados durante semanas. En ese contexto, señalan que algunas personas terminan recurriendo a la quema, algo que no solo ensucia el aire, sino que genera preocupación por el humo y sus efectos.
Los reclamos apuntan al Ejecutivo municipal y a la Junta. Los vecinos piden medidas concretas:
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Reparación definitiva de calles, no arreglos temporales que duran poco.
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Señalización y control real del tránsito pesado.
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Veredas liberadas y transitables, sin escombros ni estacionamiento sobre la acera.
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Rampas y mejoras de accesibilidad para que caminar no sea un riesgo.
Fuente: ABC Color







