El guaraní se construyó sobre una premisa exigente: estabilidad ligada a la economía real. Esa idea buscó romper décadas de dependencia monetaria. Martín Maciel, director del Museo de Numismática y Joyas del BCP, lo enmarca en soberanía. “Los billetes y las monedas son un símbolo de soberanía”, afirma. Y advierte que sin una moneda fuerte un país “se desmorona económicamente”.
Maciel sostiene que el origen del problema fue previo al guaraní. Tras la Guerra de la Triple Alianza, “los vencedores le exigieron al Paraguay una ley de desmonetización”. En 1871 se anuló el valor de monedas y billetes emitidos por el Estado. Eso abrió 75 años de caos monetario. Circularon billetes argentinos, brasileños y bolivianos. También hubo emisiones privadas, plagadas de corrupción y desorden financiero.
Dependencia y progresiva estabilidad
Durante ese período, Paraguay no controló su moneda. Además, importó la volatilidad del peso argentino como referencia de facto. Maciel lo sintetiza así: “Paraguay por casi un siglo estuvo importando inestabilidad monetaria de la Argentina”. Esa dependencia, con el tiempo, fue el límite central para lograr estabilidad. Por lo tanto, cualquier ordenamiento debía cortar ese vínculo.
El primer intento serio llegó en 1916 con la Oficina de Cambios. El Estado prohibió la emisión de billetes privados. Así surgió el peso fuerte paraguayo, pensado para ordenar el mercado cambiario. También buscaba financiar la defensa del Chaco ante el conflicto con Bolivia. Sin embargo, tenía una fragilidad clave. Maciel explica que “cada peso fuerte tenía que valorarse” según el peso argentino.
1943: la decisión fundacional del guaraní
La creación del guaraní se dio tras la Guerra del Chaco, con una economía exhausta. Al mismo tiempo, el mundo entraba en la Segunda Guerra Mundial. Además, ya se diseñaba el orden de posguerra ligado a Bretton Woods y al FMI. Maciel señala que ““el guaraní respondió al desorden monetario en Paraguay, pero también a un contexto geopolítico mundial que no se diferencia mucho de lo que hoy estamos viviendo”. Es así como Higinio Morínigo promulga la ley el 5 de octubre de 1943. La decisión se basó en una propuesta técnica de Robert Triffin, adoptada solo por Paraguay.

Triffin diagnosticó que la debilidad no era la escasez de moneda. El núcleo era la dependencia del peso argentino. Su advertencia era directa: un país que subordina su sistema “importa automáticamente sus crisis”. Maciel lo traduce al caso paraguayo: “cuando el peso argentino entraba en dificultades”, esas dificultades pasaban al Paraguay. Por eso, Triffin recomendó anclar la cotización a datos propios. Habló de “datos objetivos” de producción, comercio y capacidad fiscal.
Del diseño institucional a la resiliencia
El guaraní llegó con medidas complementarias, entre ellas la estatización de la aduana y el fortalecimiento fiscal. En 1952, la creación del Banco Central del Paraguay consolidó el proceso. Con el tiempo, su mayor autonomía pasó a ser un pilar de estabilidad. Maciel destaca pruebas superadas, como la crisis global de 2008. También menciona el impacto de monedas digitales y pagos instantáneos. Según su evaluación, el guaraní “volvió a pasar la prueba”.
Fuente: Forbes Paraguay







