Día Mundial del Cerebro y las claves para cuidarlo

El cerebro cambia durante toda la vida gracias a la neuroplasticidad. Dormir bien, controlar el estrés y mantener hábitos saludables favorecen su funcionamiento.

Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una iniciativa impulsada por la World Federation of Neurology para promover la prevención y la concienciación sobre la salud cerebral. La fecha pone el foco en cómo funciona este órgano y en los factores que pueden favorecer o perjudicar su desempeño a lo largo de la vida.

El cerebro no es un órgano estático. Se adapta, cambia y fortalece sus conexiones según el sueño, el estrés, la actividad física y los vínculos sociales. Comprender estos procesos permite reducir el riesgo de deterioro cognitivo y de enfermedades neurológicas frecuentes, además de mejorar la memoria y el bienestar general.

El cerebro funciona mediante una red de neuronas que intercambian señales eléctricas y químicas a través de las sinapsis. Aunque representa cerca del 2 % del peso corporal, consume una elevada cantidad de oxígeno y glucosa. Por esa razón, la calidad del sueño, la circulación sanguínea y el metabolismo influyen directamente en su rendimiento. Además, este órgano anticipa respuestas mediante expectativas para ahorrar energía y reaccionar con mayor rapidez.

¿Cómo influyen el estrés y la neuroplasticidad?

El estrés activa hormonas como el cortisol, que en períodos breves mejoran el estado de alerta. Sin embargo, cuando se vuelve crónico, puede alterar el equilibrio de los neurotransmisores, afectar el descanso y perjudicar los circuitos relacionados con la memoria y el control emocional. Esto favorece la irritabilidad, la rumiación y las dificultades para aprender.

La neuroplasticidad permite que el cerebro reorganice sus conexiones durante toda la vida. Aprender implica reforzar rutas neuronales, eliminar conexiones poco utilizadas y consolidar recuerdos, especialmente mientras se duerme. Aunque el envejecimiento puede reducir la velocidad de procesamiento y exigir mayor esfuerzo para algunas tareas, no significa necesariamente la aparición de una enfermedad. También influye la acumulación de factores como hipertensión, diabetes, aislamiento social y estrés sostenido.

Hábitos que ayudan a proteger el cerebro

Entre las enfermedades neurológicas más frecuentes se encuentran el accidente cerebrovascular (ACV), la migraña, la epilepsia, las demencias, incluido el Alzheimer, el Parkinson y diversas neuropatías periféricas. Muchas comparten factores de riesgo modificables, como el sedentarismo, la mala calidad del sueño y los problemas vasculares.

Los especialistas destacan que proteger el cerebro depende de hábitos sostenidos en el tiempo. Dormir lo suficiente, realizar actividad física, mantener una alimentación saludable, aprender de forma continua, fortalecer los vínculos sociales y controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol contribuyen a preservar las neuronas.

En cambio, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo, la falta crónica de sueño, el sedentarismo, el estrés persistente y la hipertensión sin tratamiento aumentan el riesgo de deterioro cerebral. Si las fallas de memoria progresan o afectan la vida cotidiana, se recomienda consultar con un profesional de la salud.

Fuente: ABC C.

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