En Corrientes, padre moroso deberá reflexionar con lectura de “El Principito”
En Corrientes, una resolución judicial insólita se transformó en símbolo de vinculación afectiva más allá de lo económico. La jueza de Familia, Niñez y Adolescencia Nº 4, Carolina Macarrein, dictó una medida pedagógica dirigida a un padre que se negó a seguir pagando la cuota alimentaria, argumentando que el certificado de discapacidad de su hija estaba vencido. La magistrada lo consideró “una actitud de falta de empatía y de corazón”, y rechazó el planteo.
Como complemento a la obligación económica, fijada en un 35 % de sus ingresos, la jueza dispuso que el padre lea la obra El Principito y se presente en el juzgado el 26 de agosto para exponer lo que comprendió y qué enseñanza le dejó. La decisión, insólita pero cargada de simbolismo, busca provocar una introspección sobre el rol paterno en contextos de vulnerabilidad.
Desde una mirada judicial con carga ética, la jueza señaló que “ser padre no se limita a cumplir con una obligación económica; implica acompañar, comprender y sostener emocionalmente”, especialmente cuando uno de los hijos enfrenta discapacidad y el otro condiciones de salud especiales. La lectura de El Principito se interpreta como una herramienta simbólica para recordar que “lo esencial es invisible a los ojos” y que el cuidado emocional es tan primordial como el aporte económico.
Se trata de una medida judicial inédita en el país, que incorpora la reflexión literaria como parte del proceso judicial. El fallo enfatiza que la responsabilidad parental se extiende más allá del bolsillo: exige presencia, afecto y compromiso emocional con los hijos.
La elección del libro no es casual. El Principito, obra emblemática de Antoine de Saint‑Exupéry, representa la necesidad de cuidar lo que amamos, cultivar vínculos genuinos y cuestionar actitudes adultas desapegadas. Estos valores dialogan con las necesidades que enfrentan los hijos del demandado, y la magistrada confía en que la lectura genere una conmoción ética que modifique su conducta.
El próximo paso, el encuentro en sede judicial, tiene un claro propósito: comprobar si el padre logró empatizar, interiorizó el mensaje de la obra y está dispuesto a cambiar su actitud. La jueza espera que esa experiencia estimule un vínculo parental más consciente y afectivo.
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En conclusión, esta resolución reconfigura la lógica tradicional de la justicia familiar al incorporar la literatura como catalizadora de responsabilidad emocional. Supone una invitación a pensar la obligación parental desde lo humano y lo simbólico, en especial cuando hay situaciones de discapacidad o salud que demandan mayor sensibilidad.
Fuente: El País Uruguay
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