El accidente aéreo más grave del país cumple 30 años
Este miércoles se cumplen 30 años de una tragedia que Paraguay aún recuerda con profundo dolor. El 4 de febrero de 1996, un avión carguero colombiano cayó apenas un minuto después de despegar del aeropuerto internacional Silvio Pettirossi, dejando un saldo de 22 personas fallecidas y una comunidad marcada para siempre.
Aquel domingo transcurría con total normalidad en el barrio Monseñor Bogarín de Mariano Roque Alonso. El cielo estaba despejado y la tarde invitaba a salir. En la plaza del barrio, niños y jóvenes jugaban vóley, reían y compartían el tiempo sin imaginar que, en cuestión de segundos, esa escena cotidiana sería interrumpida de la manera más brutal.
El avión, un McDonnell Douglas DC-8-55 con matrícula HK-3979, pertenecía a la empresa Líneas Aéreas del Caribe. Había partido de Asunción cuando, a unos 1.500 metros de la pista, perdió estabilidad y se precipitó a tierra. La explosión se escuchó a varios kilómetros de distancia y sumió a la zona en el desconcierto y el pánico.
Los restos de la aeronave quedaron esparcidos por el barrio
Partes del fuselaje se incrustaron en el suelo, abriendo cráteres de hasta dos metros de profundidad. Varias viviendas resultaron destruidas y la plaza quedó cubierta de escombros. Bomberos y rescatistas trabajaron durante horas entre chapas retorcidas, ladrillos, electrodomésticos y restos humanos. Los cuatro tripulantes, todos de nacionalidad colombiana, murieron calcinados.
Murieron 18 personas
La tragedia golpeó con especial dureza a quienes estaban en tierra. Dieciocho personas perdieron la vida, trece de ellas niños. Once pertenecían a la familia Gracia, que se encontraba reunida en una vivienda cercana. También fallecieron una joven pareja junto a su hijo de apenas tres meses, además de otros menores que jugaban en la cancha de la plaza. Dos niños sobrevivieron, aunque con graves heridas.
Las investigaciones posteriores concluyeron que el accidente fue consecuencia de errores operativos durante el despegue. Según los informes, el piloto habría cedido el control de la aeronave al copiloto, una maniobra expresamente prohibida. El análisis de la caja negra reveló conductas imprudentes antes del vuelo. Con el paso de los días, también se descartó cualquier vínculo con el narcotráfico: la carga transportada incluía contenedores y un vehículo deportivo.
Treinta años después, el recuerdo de aquel 4 de febrero sigue vivo. No solo como una fecha marcada por el dolor, sino como una historia que recuerda la fragilidad de la vida y la necesidad de que tragedias así no vuelvan a repetirse.
Fuente: ÚH
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