¿Por qué algunas personas necesitan ruido para dormir?
Necesitar ruido para dormir, ya sea de la televisión, un podcast o una serie, puede funcionar como una estrategia para mantener ocupada la mente. Desde la psicología, este comportamiento se relaciona con la búsqueda de estímulos externos cuando el silencio facilita la aparición de pensamientos intrusivos. Sin embargo, mantener contenido audiovisual durante la noche puede perjudicar la calidad del sueño.
Al terminar el día desaparecen muchas de las distracciones habituales y puede aparecer la rumiación. La persona repasa situaciones, preocupaciones o escenarios mientras intenta descansar. En ese contexto, escuchar voces o seguir una narrativa funciona como un ancla para la atención. El estímulo ocupa parte de los recursos mentales y puede reducir temporalmente la sensación de ansiedad antes de dormir.
El inconveniente aparece cuando esta práctica se convierte en una condición necesaria para conciliar el sueño. El cerebro puede asociar progresivamente la televisión o determinados sonidos con el momento de descansar. Así, dormir en silencio puede resultar cada vez más difícil. Los cambios de entorno, como un viaje o un corte de energía, también pueden complicar el descanso.
¿Por qué el ruido para dormir puede afectar el descanso?
El cerebro continúa procesando información acústica mientras una persona duerme. Por esa razón, los diálogos, efectos y variaciones de volumen pueden provocar alteraciones durante la noche. La televisión resulta especialmente problemática porque no genera un sonido uniforme. Una película o serie combina voces, música, silencios y cambios repentinos de intensidad.
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Estas variaciones pueden favorecer microdespertares que la persona no necesariamente recuerda al levantarse. La fragmentación interfiere con la continuidad de los ciclos nocturnos. Investigaciones con polisomnografía citadas en el material señalan reducciones del sueño de ondas lentas y del tiempo en fase REM bajo exposición continua a medios audiovisuales. La iluminación de las pantallas suma otro factor capaz de interferir con los ritmos circadianos.
Reducir gradualmente la televisión o el podcast para dormir
El ruido blanco tampoco cuenta con evidencia suficientemente sólida para recomendar su utilización generalizada durante toda la noche. Aunque puede enmascarar sonidos externos intermitentes, los estudios disponibles presentan limitaciones. Incluso la exposición constante a determinados ruidos podría modificar la distribución de las fases del sueño.
Para quienes ya desarrollaron el hábito, las recomendaciones citadas apuntan a una reducción progresiva. Una opción consiste en pasar de contenidos nuevos a otros conocidos, luego utilizar audios sin voces y disminuir paulatinamente los estímulos. Los temporizadores permiten limitar la exposición. Cuando existen ansiedad o pensamientos intrusivos persistentes, el material señala la terapia cognitivo-conductual como una alternativa para abordar el problema de fondo.
Fuente: XATAKA
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