Electrificación del transporte metropolitano ahorraría USD 60 millones al año

La sustitución de buses diésel por unidades eléctricas en Asunción y 32 municipios frenaría la fuga de divisas y aprovechará el superávit de energía limpia de las binacionales.

Paraguay tiene el mayor superávit de electricidad limpia por habitante del mundo, gracias a la producción de Itaipú, Yacyretá y Acaray. Aun así, el país quema cada año más de 1.600 millones de litros de diésel importado para sostener su sistema de movilidad.

Solo entre enero y mayo de este año, la compra de combustibles en el exterior superó los 840 millones de dólares. De acuerdo con registros oficiales publicados por el medio El Prisma, más del 60% de esa factura correspondió al diésel.

En este contexto, la reforma del transporte público metropolitano dio un paso importante con la promulgación de la Ley 7617/2026 y el Decreto 5969. Ambas normas establecieron las condiciones para avanzar formalmente hacia la electrificación del sistema de colectivos.

La primera experiencia se puso en marcha en Ciudad del Este, donde comenzaron a operar 30 unidades durante la gestión del intendente Miguel Prieto. Más adelante llegaron otros 30 buses donados por Taiwán para el área metropolitana y, recientemente, se incorporaron 40 unidades adicionales.

El objetivo es sustituir cerca de 1.500 buses que circulan todos los días por Asunción y 32 municipios del área metropolitana. La cobertura incluye recorridos que van desde Limpio hasta Caacupé y desde Villa Hayes hasta Ypané.

El cambio no se limita a renovar la flota. También supone una transformación financiera, energética y ambiental de gran alcance para la capital y el Departamento Central.

Menos dólares destinados al diésel

Paraguay no produce petróleo. Por esa razón, todo el diésel utilizado por la flota metropolitana debe importarse y pagarse en dólares, mientras que el subsidio al transporte se cubre en guaraníes.

Datos de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios, recopilados por El Prisma, señalan que cada bus consume entre 120 y 150 litros de combustible al día. Si recorre unos 200 kilómetros diarios, una sola unidad puede utilizar alrededor de 45.000 litros de diésel al año.

En conjunto, los 1.500 buses metropolitanos consumen más de 67 millones de litros anuales. A los precios actuales de importación, esto representa una salida superior a los 60 millones de dólares cada año.

La sustitución de estos vehículos por unidades eléctricas permitiría que una parte importante de ese dinero permaneciera dentro de la economía nacional.

Un ómnibus eléctrico consume cerca de 1,2 kWh por kilómetro. En términos operativos, un recorrido que hoy cuesta alrededor de 35 dólares en diésel podría bajar a menos de 8 dólares utilizando electricidad suministrada por la ANDE.

El ahorro directo en divisas superaría los 45 millones de dólares anuales. También se reduciría el subsidio estatal por pasajero, que actualmente demanda cerca de 4 millones de dólares al mes y está directamente vinculado al precio del diésel.

Mayor aprovechamiento de la energía paraguaya

Paraguay consume apenas el 35% de la energía que le corresponde de Itaipú y el 19% de la generada por Yacyretá. El excedente se cede a Brasil y Argentina mediante una compensación que se mantiene por debajo de los precios de mercado.

Cada kilovatio hora utilizado por un colectivo eléctrico en San Lorenzo, Asunción o cualquier otra ciudad evita que esa energía se entregue a bajo precio en el exterior. De esta manera, la electricidad deja de ser únicamente un recurso disponible y se convierte en valor agregado dentro de la economía local.

Si la electrificación se extendiera a los 3.500 buses que operan en todo el país, el ahorro en importaciones de diésel podría superar los 130 millones de dólares al año. Esa cantidad equivale a todo lo que Paraguay exportó en biodiésel durante 2025.

Menos emisiones y mejores condiciones de salud

El transporte es una de las principales fuentes de contaminación del aire en Asunción y las ciudades vecinas. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, realizado mediante sensores remotos, concluyó que la flota metropolitana paraguaya se encuentra entre las de mayores emisiones de la región.

En julio del año pasado, la Municipalidad de Asunción detectó 28 buses que emitían el doble del límite permitido de humo negro.

Foto: Diego Peralbo, ABC

Por cada litro de diésel quemado se generan aproximadamente 2,68 kilos de dióxido de carbono. Bajo ese cálculo, la flota metropolitana libera cerca de 180.000 toneladas de CO2 al año, una cantidad que requeriría alrededor de 8 millones de árboles para ser absorbida.

A esto se suman otros contaminantes, como partículas PM2.5, óxidos de nitrógeno y hollín. Su exposición está relacionada con problemas respiratorios, asma, alergias y enfermedades cardiovasculares.

Un bus diésel convencional puede emitir alrededor de 90 toneladas equivalentes de CO2 al año. En cambio, una unidad eléctrica alimentada con energía de Itaipú genera menos de 5 toneladas, incluso considerando el impacto de su fabricación y de las baterías.

La reconversión permitiría eliminar las emisiones directas en corredores de alta circulación, como las avenidas Mariscal López y Transchaco.

También habría una reducción importante del ruido urbano. La electrificación de las cinco unidades funcionales —Este, Norte, Sur, Oeste y Central— podría disminuir hasta 20 decibeles el nivel sonoro generado por el transporte.

Mientras un colectivo diésel puede alcanzar los 80 decibeles, un motor eléctrico ronda los 60. La diferencia tendría un impacto directo en ciudades como Asunción, Lambaré, Fernando de la Mora y San Lorenzo.

Una inversión mayor, pero con menores costos de operación

Un colectivo eléctrico cuesta alrededor de 300.000 dólares, frente a los 160.000 dólares de una unidad diésel. La inversión inicial es considerablemente más alta, pero los costos de operación son menores.

Los vehículos eléctricos tienen cerca de 60% menos piezas móviles y su mantenimiento puede ser hasta 40% más económico. Además, el ahorro en combustible permite compensar gradualmente la diferencia de precio.

Con el esquema de fideicomiso establecido en el Decreto 5969 y el modelo de pago por kilómetro recorrido, la inversión inicial podría amortizarse en un plazo aproximado de seis años.

La electrificación del transporte público representa, por lo tanto, algo más que una renovación tecnológica. Es una oportunidad para reducir la dependencia del petróleo importado, aprovechar mejor la energía hidroeléctrica, aliviar el gasto público y mejorar la calidad del aire en las zonas urbanas.

Fuente: El Prisma

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